DESCUBRIENDO: MUSEO FUNDACIÓN PINTOR AMALIO

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Existe en Sevilla un lugar cultural, museo, fundación con una tremenda vitalidad y un variado conjunto de actividades, el Museo Fundación Pintor Amalio, que desde la Plaza Doña Elvira, pleno corazón del barrio de Santa Cruz de Sevilla, fomenta, difunde y cultiva el legado pictórico y literario de Amalio García del Moral (Granada, 1922 – Sevilla, 1995), así como el estudio del arte de la pintura y las demás artes.

Para conocer de primera mano el lugar charlamos con Manuel Caballero, gerente de la Fundación y que nos da a conocer de primera mano cuál es la labor de este espacio, en el tejido cultura de la capital hispalense;

¿Cuál es el origen del Museo Fundación Amalio y con qué finalidad se creó?

La Fundación Amalio, la creó y registró el propio Amalio, curiosamente, ante notario, ocho días antes de morir, y en un principio era la familia, un primo suyo que es economista y otro que es abogado. El objetivo era preservar gran parte de su obra, y en ese mismo acto de fundación donó a la Fundación toda su colección de los 365 gestos de la Giralda, la mayoría cuadros, aunque hay también pequeñas esculturas y algunos grabados.

Todos los artistas, buscan y desean trascender en el tiempo, entonces el que estos cuadros no se dispersen ya es un objetivo, al igual que promocionarlos, que se expongan, que se conozcan, que se investigue sobre ellos, de hecho uno de los objetivos de la Fundación es prestar toda la documentación que tenemos para la investigación pictórica y literaria, ya que Amalio también fue poeta, publicó cinco libros de poesía. Así pues, nuestra idea es fomentar la promoción de la cultura, de la literatura e impulsar a jóvenes, tanto pintores, como literatos, a salir a delante.

También tenemos convenios con la Universidad de Sevilla y la Universidad Pablo de Olavide, además de distintas instituciones, hace poco tuvimos una estudiante de Erasmus Plus, de Inglaterra, y a otra de Trinidad Tobago, en el mundo global en el que vivimos nos trae gente en prácticas de todo el mundo, algo que es muy importante para nosotros.

«Nuestra idea es fomentar la promoción de la cultura, de la literatura e impulsar a jóvenes, tanto pintores, como literatos, a salir a delante»

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¿Qué actividades proponéis a la hora de mostrar la exposición a todo el que se acerque a la Fundación?

Lo que intentamos es que la gente comprenda la obra de Amalio, y que se dejen invadir por ella. Mucha gente viene y nos dice, que no entiende de arte, ni de pintura, y yo siempre les digo que observen la pintura, si les gusta, si sienten algo como alegría, inquietud, nerviosismo, dolor, porque todo eso ante una buena obra de arte es lo que se siente.

Pretendemos que el visitante, de alguna forma se deje penetrar por ese mensaje que trasmite el arte, en este caso nuestro, la pintura. Y para conseguir esto a veces recurrimos a pequeñas experiencias sensoriales, que es como le llamamos. Tenemos varias, por ejemplo,  dar a tocar la textura de algunas reproducciones de lienzos de Amalio, otra actividad en la que le tapamos los ojos al visitante y la pareja que no tiene tapado los ojos tiene que describirle la pintura, o experiencias olfativas, usando incienso para emular el interior de una iglesia, hay cuadros de interior de un templo. En el fondo es ayudar al visitante a que se deje invadir por las sensaciones que puede transmitir una obra de arte.

«Pretendemos que el visitante, de alguna forma se deje penetrar por ese mensaje que trasmite el arte, en este caso nuestro, la pintura. Y para conseguir esto a veces recurrimos a pequeñas experiencias sensoriales»

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En cuanto a estas experiencias sensoriales, nos consta que en una de ellas introducen una copa de vino de naranja y es por ello que quería preguntarle ¿cómo considera la unión entre arte y gastronomía, y concretamente, en qué consiste esta visita en la que se da esta copa de vino?

Pues como comentas, es al final de esta visita sensorial cuando ofrecemos al visitante una copa de vino de naranja, nuestra casa se presta mucho a esto. Realizamos numerosos eventos, teniendo en cuenta que esto es un museo, no un restaurante, como cumpleaños de pequeños grupos, por ejemplo.

Esta visita, con la degustación del vino de naranja, me animaron a hacerla algunos de los visitantes, ya que cuando estábamos en la azotea o mirando a través del balcón, teniendo dentro la obra de arte, y fuera el paisaje, en el que se ve la giralda y la catedral, decían: «ahora me tomaría yo una copita», y lo decían con tanto entusiasmo, que caímos en que el arte y las sensaciones tendrían que ir juntas, entonces nosotros introducimos ese pequeño detalle.

Amalio, en los años cincuenta y sesenta, tenía una exposición permanente en el Hotel Alambra Palace, incluido su Restaurante, por aquellos entonces la que gente que se alojaba en el que era el mejor Hotel de Granada, tenía cierto poder adquisitivo. Los camareros le contaban a Amalio cómo había gente que se sentaban siempre junto al mismo cuadro para el desayuno y almuerzo, e incluso hubo veces que cuando el visitante se marchaba, ya fuesen las tres de la mañana para coger el avión a las ocho, llamaban a Amalio para comentarle que querían comprarle una obra, fue el caso de un príncipe hindú, por ejemplo. De esta manera Amalio vendió aquí muchas obras. Sirva esto como curiosidad, de como a veces,  la unión de las sensaciones agradables, tanto artísticas como gastronómicas se transformaban en casos como este en satisfacciones económicas. Ya que al artista le gusta que admiren su obra, pero también que se la compren.

«Un museo no tiene que ser un cementerio de cuadros, de esculturas, un museo tiene que ser un sitio vivo, que tenga actividades, que estén relacionadas con el arte y con la invasión de ese arte, este es el motivo de por qué hacemos tantas actividades»

Desde un principio nos planteamos la filosofía de que en la Fundación, la gente cuando entre se sienta invadida por las sensaciones que se producen, esas sensaciones es un todo, y es ese todo el que tiene que animar a la gente a esperar de este lugar cualquier cosa. Esto lo acercamos con pequeñas obras de teatro, música, presentaciones de libro, con recitales de poesía, … un museo no tiene que ser un cementerio de cuadros, de esculturas, un museo tiene que ser un sitio vivo, que tenga actividades, que estén relacionadas con el arte y con la invasión de ese arte, este es el motivo de por qué hacemos tantas actividades.

La gente, dependiendo de las edades, entra en la Fundación muy en silencio y yo procuro que ese silencio se rompa y que comenten.

 

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Muchas gracias y enhorabuena Manuel.

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